La misteriosa llama de la reina Loana.
Sin duda Umberto Eco sabía elegir sus títulos; era un As en
la forma de narrar y de hilar los pensamientos que reflejan la naturaleza de
sus personajes. Además de ponerlos en las situaciones más extremas que produce
la cotidianeidad.
Por ejemplo, en La misteriosa llama de la reina Lona, se
narra la historia de un hombre de la tercera edad que ha perdido la memoria,
tras una vida de ser un asiduo lector.
Pero en su afán de recuperar esa extensa y compleja red
mental que llamamos memoria, se interna en el mundo de las lecturas de su niñez.
Viviendo de historietas cómicas y literatura. Paseando por literatura clásica
italiana y música reproducida desde un tocadiscos.
Lo increíble es que en lugar de recuperar su memoria, consigue amalgamar la conciencia colectiva
italiana durante los primeros años de la década de los 40; en una atmósfera de
guerrilla.
La misteriosa llama de la reina Loana me ha cautivado, vi en
ella la gran pregunta: ¿qué nos hace ser nosotros mismos? ¿Los recuerdos? ¿La
época que vivimos? ¿El arte que nos toca? ¿Las experiencias? ¿Nuestra familia? O
tal vez ¿los momentos?
Uno de los instantes que me parecieron más emblemáticos en
el libro es cuando Giambattista Bodoni, protagonista de la historia, se plantea
la interrogante de qué pensaba sobre el régimen. Al final, sabiendo que había algo mezquino en el régimen,
las personas en general jugaban al juego de creer en él. En algún momento
escribe una tarea que ensalza la superioridad italiana, pero sin sentirlo de verdad.
Para mi éste pasaje en especial retoma las actitudes
sociales que tomamos a diario, cuando nos sabemos observados y entendemos que
de ese “actuar mal o bien” depende la seguridad de nuestra familia, pero no
nuestra personalidad real.
Al final, me parece percibir en ésta historia que la
verdadera esencia de la personalidad está en la relación que tenemos con otros.
Al final lo importante es cómo nos definimos frente a la familia, los amigos o
los colegas. Después de todo, somos el resultado de lo que esperan de nosotros.
De lo que logramos construir a lo largo de los años.
Al final somos la inspiración que dejan otras historias
sobre nuestra psique. Somos esa curiosa llama que avivan las historias ajenas.
Por eso le agradezco a Eco, que me ha dejado una historia para
definirme a mí misma. Más allá de mis memorias y lecturas.


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