El Marco Polo de Calvino ante Marco Polo


Hace un par de años tuve la oportunidad de leer Ciudades invisibles de Italo Calvino, es una maravillosa historia, donde el viajero mercader Marco Polo cuenta a un noble gobernante cómo son las ciudades de su reino.

Pero las alegorías que ahí se narran no son realistas, son una forma de describir las posibilidades humanas de convivencia, las bondades y maldades que se conjugan en las ciudades. En la narración de Calvino me descubrí recorriendo con la imaginación las distintas colonias de mi Ciudad, tanto del pasado como del presente.

Me fascina como Calvino usó los nombres de mujeres, les daba una cualidad humana a las descripciones. Por ejemplo Fedora -es la ciudad con maquetas de la ciudad ideal- también es ejemplo de cómo nos representamos a nosotros mismos, como imaginamos que podríamos ser, y esas prístinas imágenes se contraponen con lo que somos en realidad.

Italo Calvino usa a Marco Polo y al Kublai Kan como personajes de su obra, que se asemeja a un ensayo descriptivo de la humanidad. Pinta al mercader veneciano como un narrador, describiendo el mundo, no solo por lo que ve sino también por lo que juzga.

Ahora acabo de terminar Los viajes de Marco Polo, escrito por el propio mercader veneciano, y es un texto que no se compara en el lenguaje ni la habilidad para describir que tiene Calvino. Pero considero que más se debe a las precauciones del autor frente a una época donde la Iglesia era juez y verdugo del conocimiento.

Creo que Marco Polo admiraba al Gran Kan y en su viaje llegó a apreciar ciertos aspectos de la cultura oriental que no figuraban en el pensamiento europeo; es de admirar que haya mantenido la cabeza fría en la redacción de sus memorias para crear un texto que fuera aceptable para sus críticos (para no auto condenarse ante la Inquisición) y al mismo tiempo transmitir la riqueza cultural de las tierras mongólicas.

Mi pasaje favorito fue la descripción del unicornio (rinoceronte), porque me da una referencia de cómo se dirigía Marco Polo a los europeos, hablando de cosas que les eran cercanas para intentar describir maravillas que solo admiran los viajeros, algo que lo define como todo un cronista.

Ahora, en mi mente se dibuja un Marco Polo mezclado: de la hermosa narrativa de Calvino que presenta a un hombre internado en los placeres describiendo a la distancia ciudades-mujeres; a la crónica de un mercader veneciano que usaba demasiado la frase lapidaria “donde ninguna otra cosa es digna de mención” y por rostro, las bellas facciones del actor italiano Lorenzo Richelmy.


Seguramente nada tiene que ver el Marco Polo de mi imaginación al que fue pero como en Fedora, así he construido la maqueta del personaje bajo una cúpula esférica.

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