Revival, un chispazo del más allá.
Stephen King es un maestro en el misterio, el suspenso y el
terror. Sin duda sus libros, encaminados al género bestseller, son obras
descriptivas que permiten al lector regocijarse en el mundo de las imágenes
evocadas de las palabras. Y he de admitir desde el comienzo que admiro su
literatura. Así que deben perdonar si el ego de fan, nubla mi juicio sobre esta
novela.
Revival, es una novela que se teje con el hilo de la
nostalgia. Nos plantea el amor a la vida desde los ojos de un drogadicto
curado, un hombre que se ha vuelto bondadoso por temor al “infierno”.
El libro plantea las vueltas de tuerca que trae a la vida
situaciones complicadas como: la muerte de los seres amados; o la presencia de
guías “espirituales”; además del enorme peso de las enfermedades.
Todo sazonado con un toque de ciencia ficción,
protestantismo religioso, debates teológicos y revelaciones cósmicas.
La novela en los primeros capítulos me ha recordado a
historias como “Cuenta conmigo”, evocando historias de fraternidad, en
cuestiones como el amor a la familia, el descubrimiento de un talento. Más
tarde me hizo recordar “La milla verde”; con curaciones milagrosas, que tenían
curiosos efectos secundarios.
La
historia es contada por Jamie Morton, que de niño amaba jugar con soldaditos en
el patio de su casa; que descubrió que tenía talento para la guitarra; que se
enamora de una chica linda; que al verse solo se convierte en drogadicto; que
se cura y al final recibe una revelación que lo hace amar la vida, a costa de
su paz.
Pero el final, aunque aterrador, se me ha hecho sumamente
inspirador. Me ha dejado la ansiedad de amar más la vida. Solo por el hecho de
que tal vez lo que nos depara la muerte no es el alivio de los dolores de un cáncer,
por ejemplo, sino algo más tétrico e “infernal”.
Esta novela me deja una sensación de vitalidad y amor por la
vida; y un vestigio de miedo, que solo se reflejó en un extraño sueño al
terminar mi lectura. También me ha mostrado un playlist que ahora escucho bajo
el velo de un músico, recuperado de sus adicciones y que añora que lo que hay
después de la muerte no sea “lo que sabe que es”.



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