El Palacio Sagrado, mi ciudad sagrada


La Ciudad de México es un asentamiento de mucha historia, y hay muchos lugares que tienen un aura de sacralidad. Pero el Palacio Nacional y la plancha del Zócalo es unos de los lugares que parecen hervir con una intensidad continua pese a los años.

El Zócalo ha sido escenario de la Decena Trágica, de protestas continuas, de manifestaciones artísticas, de entradas triunfantes del ejército mexicano para poner el fin a guerras, del comercio, de las danzas, de la vida cotidiana.



Y sin duda mil amores tienen historias que contar con esa locación. Una de esas historias es del escritor Antonio Velasco Piña. Quien inspirándose en el Palacio Nacional, narra la historia de amor que le llevó a conocer y conquistar a su esposa. Enlazada con otras historias que mezclan ficción con recuerdos de la historia y una filosofía que interconecta los lugares sagrados de la ciudad con el movimiento de la sociedad mexicana.

Antonio Velasco Piña describe la primera vez que vio a su esposa, poniendo singular atención en los guantes que usaba; tras el brote de amor a primera vista, narra cómo se esforzó por merecer el corazón de una mujer que se le antojaba fuera de su alcance. Un  anhelo que lo lleva a superarse, y a emprender un viaje que para reactivar las líneas energéticas que revitalizan al mundo.

Las historias secundarias, hablan del momento en que los aztecas deciden cambiar de lugar el palacio de Moctezuma, para evitar que los conflictos que se avecinan por la conquista dañen el equilibrio de ese peculiar punto de energía.

Después se brinca en el tiempo a la colonia, y más tarde acompaña a los Niños Héroes en un intento por revitalizar las rutas de energía de la ciudad. Incluso narra que la avenida Paseo de la Emperatriz, actualmente Paseo de la Reforma, fue construida por esa línea energética y que su flujo llega hasta la Basílica de Guadalupe. Llenando de vitalidad a nuestra urbe.

En lo personal creo que esta mirada de la historia social y geográfica de la ciudad es maravillosa, y mientras lo leía, admito que caminé por mi ciudad con el corazón plagado de amor. Viendo el misticismo y sacralidad que aún tienen estos sitios, pese a los cambios que han sufrido.

También creo que el libro, puede representar otras ciudades, puede ser identificado con otros mártires y héroes, es tan humano que puede hablar de mil amores. Creo que como especie nos gusta encontrar patrones y llenar de significado hasta los caminos que recorremos.


Por eso veo a mi querido Zócalo como un igual de: La Plaza de Mayo, de los Campos Elíseos, de Time Square, de la Puerta de Brandenburgo o de la Plaza Roja.

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