El Corazón del Hombre; la disputa entre amar lo bueno y ser libre
El
psicoanalista Erich Fromm trabajó en explicar el camino de nuestras
desiciones como individuos bajo las influencias sociales. Este es el tópico de
su ensayo "El corazón del hombre". Un libro maravilloso que nos cuestiona sobre
la libertad entre elegir el bien o el mal, y de qué como cada desición nos
aleja de el punto de quibre que representa la plena libertad.
Fromm
plantea en 6 capítulos, desde una perspectiva humanista, qué hace a un hombre
bueno, malo o libre, admitiendo que el entorno nos proporciona herramientas
para inclinarnos a un lado u otro de la valanza ética, para terminar en un
momento que no nos permitirá mantenernos libres.
Habla sobre
el dilema de seguir los dictados sociales, para ir por el camino del bien o el mal, o
seguir los dictados del amor a la muerte y la preocupación de si estos deseos
son inducidos por la sociedad, imposivilitando decidir algo contrario.
Una de las reflexiones que más me intrigan en el libro es el amor a la muerte y a la vida; ahí se explica como el culto a ambos es una perspectiva de ver la existencia y dirigirse en ella, de como los humanos solemos reunirnos en grupos que sigan la misma tendencia, y que puede existir el mal (o una versión trastocada) en ambas corrientes.
Al final del libro, Fromm sintetiza sus cavilaciones en seis puntos, resalto el quinto, porque a mi parecer es lo que mejor expresa las situaciones sociales que influyen a una persona:
"El hombre es responsable en la medida que es libre para elegir sus propios actos. Pero la responsabilidad no es otra cosa que un postulado ético, y con frecuencia una racionalización, por parte de las autoridades, del deseo de castigarlo. Precisamente porque el mal es humano, porque es el potencial de regresión y la perdida de nuestra humanidad, está dentro de cada uno de nosotros. Cuando más consientes somos de esto, menos nos instituiremos como jueces de otros."
Cada que
hago una relectura de este ensayo, me vuelvo sobre las desiciones que he tomado
y me pregunto ¿Qué tan libre era mi elección? ¿Será que mi repuesta continua ya
no me permite elegir a estas alturas?
Supongo
que en algún punto nuestra sociedad se creyó corderos disfrazados de lobos, y
se puso un segundo disfraz de cordero para seguir por el buen camino. Al menos
comparado con la analogía de Erch Fromm.


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