Ensayo sobre la ceguera, amor en blanco

En el mundo de la literatura hay historias de amor maravillosas, llenas de entrega, empatía, unión, incondicionalidad; y curiosamente las mejores, no están precisamente en las novelas románticas.
Uno de los amores que más admiro aparece en la novela Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago, que narra un evento casi apocalíptico donde una pandemia de ceguera se expande por el mundo. El paciente cero y el grupo de primer contacto se ven encerrados en una cuarentena preventiva que no da resultado, y rápidamente se convierte en un mundo donde reina la ley del más fuerte.

La protagonista de la historia es la esposa del médico (oftalmólogo), ama de casa, abnegada, amorosa y la única inmune a la epidemia. Es un ejemplo de fuerza, primero al cuidar a su esposo y después en lo mucho que se esfuerza por mantener a su grupo unido y con vida.

Así se convierte en una madre para su pequeña familia de ciegos, buscará darles sustento y seguridad, aún en las más precarias condiciones, en el momento de la noche más blanca. Es simplemente un ejemplo de amor, aunque no creo que sea de las heroínas más inteligentes.

Pero Ensayo sobre la ceguera es una novela aún más fuerte, que plantea el egoísmo, el amor, la cooperación social e incluso la opresión, ante algo que supera las fuerzas de cualquier humano. Simplemente nadie puede escapar del caos que provoca la ceguera blanca.

Precisamente por eso, la esposa del médico es un personaje tan contrastante, sus acciones son bondadosas, incluso en los momentos en que ya no es libre de elegir y se convierte en una obligación, vuelve a encontrar razones para amar y seguir adelante.

La escenas que mejor representar el amor que tiene por los suyos, a mi parecer, es cuando todos duermen en la calle, cubriéndose del frío con sus cuerpos. En la historia es un instante de transición, de la reclusión a la libertad; pero también es una representación de la unidad del grupo, de desesperación e incertidumbre.

En 2006, el cineasta brasileño Fernando Meirelles presentó una adaptación muy bien lograda de la novela, con una estética luminosa que contrastaba con la historia terrible y cruda que cuenta en la película “A ciegas”.

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