La carta del verdugo


La carta del verdugo de Maruan Soto Antaki es una obra plagada de detalles, desde la portada, con un pescado degollado al que han cambiado el ojo por un ojillo de puerta, invitándote a curiosear en sus pensamientos.

En esta historia la mermelada, la tubería, la guillotina, las caracolas, los libros, la talavera, son símbolos de los pensamientos cotidianos de los personajes. Son elementos que nos muestran comportamientos obsesivos, acompañados de pensamientos que se repiten una y otra vez: ¿Qué conduce a un espécimen a matar a sus semejantes? ¿Un título nos define frente a la sociedad? ¿Quién es un verdugo suplente que jamás ha ejecutado?

La carta del verdugo, Alfaguara.
Ese es Bernard, el protagonista de la novela, un funcionario francés que esperó el día de matar en nombre del estado, pero que se retira sin que encuentren a un culpable digno de la pena capital, y que además su superior no se encuentre en circunstancias de jalar la palanca de la guillotina.
Así la historia relata sus últimos días de vida, plagados de los recuerdos de su profesión y los amores del pasado, ligando su mayor secreto a una de las mujeres que marcaron su vida, Cloe, una malacóloga franco-mexicana que se cruzará en su camino gracias a una rara concha que esconde en sus espirales la ecuación de la muerte. 


Una concha tan peculiar que demuestra cómo las especies de caracoles marinos se convierten en caníbales en los momentos de abundancia de la especie; así se hace una comparación de porqué el hombre se siente con derecho de tomar la vida de otro miembro de su misma especie (incluso en el caso de ser una muerte en defensa de la Nación).

Una obra llena de reflexiones, con un ritmo pausado que rompe un poco con el estilo presentado en las novelas Casa Damasco y Clandestino, pero que mantiene al lector en una línea de pensamiento dejándolo perplejo al final del hilo conductor.

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